Al país de los orcos

15 de enero de 7, domingo

Derrota

Me mataron. Suele pasar cuando eres un mago y te olvidas de echarte hechizos de protección. Bueno, eso y que me caí saltando, 4 dados de puntos de daño y saco cuatro 6, todos se rieron, en serio.

Cuando me desperté, después de la guardia, ya habían preparado el barco para lo de las gallinas, tal como dijimos, hasta mi fusil. Así que no he tenido elección. Rápido, rápido, casi sin dejarme tiempo para que cogiera mis cosas, fueron con un entusiasmo de chiflados hasta el barco. Y yo en medio de ellos, totalmente abatido y, pensando, Pero si no teníamos que volver ahí nunca.

La bendición

Luego me pidieron que hicera una bendición. Tomé un poco de agua, potable, —que la de mar no vale, no sé por qué —, y la asperjé sobre el barco. (Lo de asperjé está en el diccionario, de verdad). Después dije una oración. (La hice cortapegando palabras del libro de Jonás.

Servimos al Señor,
 que hizo el cielo y la tierra
¿Qué haremos para que el mar se calme?
Servir al Señor,
 que hizo el cielo y la tierra
Clamé al Señor y me escuchó
Desde las profundidades me escuchó
¿Nos matarán los orcos?
Nosotros servimos al Señor,
 que hizo el cielo y la tierra
Amén

Lo que no les dije es que el libro de Jonás va de que Dios le dijo a San Jonás que tenía que convertir a los asirios. Los asirios eran como los orcos ahora y San Jonás no quería ir. No porque tuviera miedo de los orcos sino porque confiaba tanto en Dios que pensaba que los orcos se harían buenos. Y no quería que se hicieran buenos, quería que Dios los castigara. Le entiendo, pero Dios quería otra cosa. ¿Adivinas quién ganó?

Tranquilo, a mí no me a dicho Dios que convierta a los orcos. Pero es normal, yo me enfado con Dios muchas veces. Ya escogerá a otro.

El viaje

Después de la bendición, el grupo de pringados nos despedimos mientras los demás nos saludaban desde el muelle. En plan película de blanco y negro. Y salimos del puerto y hemos puesto rumbo a la Playa Negra. Es una playa pequeña, que llamamos así porque está en las tierras de los orcos. Como bosque negro, playa negra. Pero nuestros enemigos no la vigilan, así que escapamos por ahí y ahí volvemos. De momento el viento está siendo muy bueno, muy fuerte, y en la dirección correcta. Si sigue así llegaremos de madrugada.

Mi madre, qué locura. Sé que moriré, lo acepto, pero no quiero morir por unas gallinas, que ya estarán muertas y... vale, soy un plasta, me callo. Adiós.