La granja de gallinas

17 de enero de 7, martes

El acecho

Salido el sol, salimos del cubil para andar a la granja de las gallinas. Ha sido un día de labios apretados, sudor, pasos lentos y ojos rápidos. Pero lo peor fue cuando llegamos a la granja porque era el primer sitio donde creíamos que los orcos podían estar. Y como no vimos ningún signo de ellos, el miedo fue mucho peor.

Resulta incómodo arrastre sobre la escarcha. Incómodo, ya, es una manera fácil de decirlo. Nos dolieron las articulaciones, codos y rodillas, supongo que del frío, escondidos, agazapados como conejitos, esperando durante media mañana. La granja parecía un sueño pintado en las nubes y la niebla, los árboles desplumados y todas esas cosas gries, blancas o dulcemente pardas del invierno. Cuando nos convencimos de que todo estaba tranquilo fuimos a por las gallinas.

El asalto

En el gallinero no había nada, pero no pensamos que habíamos fracasado porque Lasi las había olido también en otra dirección. Le hicimos caso y resultó que se habían mudado a la casa principal.

Se habían hecho un gallinero en la planta de arriba. En cuanto llegamos se armó el pánico; no pillamos ninguna gallina, pero es mejor, hubieran sido una lata. Pillamos siete pollitos y nos los repartimos en las mochilas. Pasamos de cazar las gallinas.

El regreso

Nos la jugamos al volver metiéndonos por la carretera. Supongo que porque no habíamos visto nada y se hizo oscuro tan pronto que pensamos que nadie podía encontrarnos. Pero Lasi olió algo y se paró en seco, apuntando al rastro. Siempre hace eso, ya no ladra nunca, en momentos de peligro.

Salimos de la carretera, bajando la espalda como si fuéramos de caza y nos alejamos en zig-zag. El viento nos trajo entonces el olor a muerto. Lo dejamos en paz, quizás los nuevos lobos se lo estuvieran comiendo y ni con fusil me quiero meter con ellos. Solo quería volver a la isla con mis pollitos y comer huevos algún día.

Gracias a eso llegamos a la playa, donde nos esperaban nuestros kayaks escondidos y volvimos al Canciones de Verano, donde escribo esto justo antes de dormir.

Adiós