El cantaparato

2 de enero de 7, lunes

Nostalgia

Hoy me he acordado de por qué lo llamamos las muertes. Íbamos en un coche, mis padres, mi hermana y yo. Y entonces, en un semáforo, un coche rojo se paró junto al nuestro. Tenía la palabra Punto escrita en un lado. Me acuerdo porque había aprendido a leer y me ponía a leer todo lo que se ponía a mi alcance. Había una niña en la ventanilla que hacía ademanes de tocar la flauta. Entonces yo hice como si estuviera cantando como un micrófono. El semáforo cambió, el coche nos adelantó y nos metimos un túnel; en la parte trasera del coche rojo se empezaron a reflejar las luces del túnel, —por que entonces las luces funcionaban— y yo las seguí con mis ojos hasta que salimos y escuchamos una voz:

Las muertes en la capital han aumentado a 150.

Mi padre apagó la radio, —creo que se llamaba así—, y nos dijo que no teníamos que tener miedo. Eso me extrañó, porque no me había dado miedo lo de la radio. El día que ví sacar a dos muertos de mi edificio fue cuando entendí qué querían decir los adultos cuando decían las muertes.

Las palabras de antes

Me cuesta recordar muchas palabras de antes. Es decir, de antes de las muertes. Nunca decimos micrófono sino el aparato para cantar o, incluso, cantaparato. A muchas otras cosas las llamamos así. Por ejemplo, a las televisiones las llamamos peliparatos o simplemente paratos, como llamamos a cualquier cosa de antes que ya no funciona. Cuando escribo, sin embargo, me gusta usar las palabras correctas. Lo busco en un libro y copio lo que dicen.

Ilustración de un barco por Lyxandra
de Lixandra

Canciones de Verano

Estamos en un barco, perdón por no haberlo escrito ayer. Se llama Canciones de Verano. Hace una semana que navegamos buscando un sitio seguro donde vivir. Un sitio donde no maten. Hasta ahora hemos encontrado unos cuantos, pero eran malos sitios para cultivar cosas; demasiadas rocas, demasiado mar, muy fríos y nada buenos para hacerse un refugio. Todos peores que el Canciones de Verano, que tiene dos velas hermosas, camas para todos y una mesa, y hasta un motor, que no funciona porque no tenemos combustible.