Fuego y muerte

21 de enero de 7, sábado

Fuego

Hoy solo hemos salido a por leña para el fuego. Ha dejado de nevar, pero el viento nos ha congelado los huesos. Así que nos hemos dedicado a la escuela y a estudiar, cada uno por su cuenta. Sí, ya sé que dijimos que primero aprenderían bien a leer y luego cada uno estudiaría por su cuenta, pero no queremos esperar. ¿Qué quieres que te diga? Somos niños todavía.

Hablamos de la muerte

Después, por aburrimiento, hablamos de morir, de cómo será la isla cuando hayamos muertos. Todos la imaginamos vacía, menos Kaylee, que la vé llena de niños, y de viejos, y de personas de edad media.

Siempre hablamos de morir. ¿Es por el miedo? Antes nunca decíamos la palabra muerte. Antes, no sé exactamente cuándo, ni deciamos muerte ni morir, ni nada por el estilo. La gente se iba, o se convertía —¿en qué?, ¿en ángel?—, o se dormía en la tierra.

Las muertes fueron los monstruos de nuestras infancias, antes de que pudiéramos pensar nuestros recuerdos, pero ahora es un fantasma, que nos sigue acechando todos los días. No sé para qué, ya han muerto casi todos los millones de la humanidad. En algunos países todos están muertos, todos, me lo imagino como un desierto de ruinas, pero sé que es mentira, porque todo se estará llenando de animales.

Pero desde que llegamos a Isla Secreta no ha muerto nadie. Todas las tumbas son viejas, o de los pocos hueso que encontramos. Si abro los ojos y canto y miro al cielo y no quiero pensar puedo decir viviré siempre y creérmelo. Pero cuando lo digo, nadie me dice nada, porque creen que son cosas de mi cabeza. Lucía me abraza un momento, yo me enfado con la gente y me voy, solo me sigue Lasi, por si me va a dar otro ataque.

Pero solo fui a la playa, a gritar

Haiku

¿viviré siempre?
la muerte se ha muerto
miro mis huesitos