En tierra de orcos

16 de enero de 7, lunes

El desembarco

Encontramos buen tiempo y anclamos el barco junto a la playa, escondido entre dos roques. Marcos se quedó a cargo del barco, de guardia con sus escopeta y las velas listas para huir.

Los demás tomamos los kayaks: Lucía con Lasi y yo solo. También tomamos un bidón cada uno para las armas y las mochilas. Llegamos en plan comando, apenas de día, y lo primero volver a tomar las armas. Lasi, que parece mágica, ya sabía que tenía que esconderse entre las rocas a mirar, escuchar y oler. Después se le unió Lucía; su carabina de supervivencia se monta en un periquete. Yo, con mi fusil, tardé bastante más.

No descubrieron a nadie, pero este es el lugar del mal, así que nos arrastramos sobre la arena todo lo posible. Sobre todo, que no nos vean.

El interior

Caminamos hacia el interior, campo a través, evitando las ruinas, las carreteras y demás sitios de emboscada, buscando tierras salvajes. Vamos a la granja donde vimos gallinas la última vez. Eso será mañana. Hemos cavado un refugio y le hemos echado una manta encima, y luego la hemos cubierto de tierra y hojas. Nos metemos ahora. Adiós.